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  • Daniela Poch

Ser rojo, de Javier Argüello




Ser rojo es el último libro de Javier Argüello y el último libro que me he leído yo.

El libro relata la historia de sus padres, Omar y Lolita, que se conocieron en 1959 yendo a Viena en un barco de juventudes comunistas. La situación política en Argentina les obligó a desplazarse a Santiago de Chile, donde nació el autor durante el gobierno de Allende, el primer gobierno comunista que había alcanzado el poder desde las urnas. Chile eclipsó la mirada del mundo entero por un breve tiempo. Aquello que se había logrado era increíble, y los padres de Argüello lo vivieron de la forma más pletórica posible. Ese sueño que habían estado persiguiendo durante años se había cumplido. El mundo prometía nuevas formas de producción, una nueva igualdad, un sistema justo. Con el tiempo, de la misma forma que sucede con todo aquello que gobierna el ser humano, el sistema se corrompió y la situación en Chile se hizo invivible. La gente clamaba a gritos un golpe que les salvara. Incluso Omar, el padre del autor, decía que él entendía que la gente no pudiera seguir viviendo así. Entonces llegó el golpe militar de Pinochet, un golpe que a pesar de sentirse como necesario, impuso el terror y el genocidio. Intentaron volver a Argentina, pero su padre formaba parte de las listas de afiliados del partido comunista, así que era más peligroso volver a su tierra natal que quedarse en Santiago.

Hay un pasaje del libro en el que el autor le pregunta a su padre por qué se quedaron en Santiago si corrían tanto peligro, por qué no se iban a otro lugar. Y su padre le responde que creían que eso era lo correcto. Como lector no entiendes esta respuesta, pero más adelante, cuando el propio autor reflexiona sobre ella, llegas a captar la magnitud del sueño que había guiado sus vidas. Abandonar Santiago era como ser el capitán de un barco y ser el primero en coger un bote salvavidas. Se quedaron para ayudar.

El libro reflexiona acerca de qué fue ese sueño de izquierdas para ellos, pero también para el mundo en general. Después de la caída del muro de Berlín, el capitalismo había triunfado. ¿Qué celebró, exactamente el mundo? ¿Qué el beneficio económico se transformara en nuestra guía? Cada vez que hemos intentado confiar en la bondad de los seres humanos, nos ha salido mal. Y esta es la gran disyuntiva que el autor expresa al final del libro: con el tiempo, sus padres comprendieron que el ser humano todavía no había aprendido a privilegiar el bien común por encima del bienestar individual. La gran lección es que este mundo es solo culpa del ser humano, y si queremos que el mundo empiece a cambiar, es por nosotros mismos donde tenemos que empezar.

Javier Argüello dice en una entrevista para The Objective: «El hecho de que su lucha fracasara no significa que no haya hoy otras alternativas. Por tanto, ¿qué es ser rojo hoy en día? Es pensar que, una vez asumido que no basta con cambiar las estructuras ni los medios de producción, tenemos que mirar hacia dentro y tomar conciencia de que somos nosotros los que tenemos que cambiar. Si no cambiamos, esto no va a funcionar, ni bajo el sistema capitalista ni tampoco bajo el socialismo».

A raíz de investigar la historia de sus padres, de hacerles extensas entrevistas, el autor se descubre a sí mismo. Hasta ahora él dice que no había entendido qué desgarros habían provocado las dictaduras que les tocó vivir a él y su familia. Uno de estos desgarros tiene que ver con no ser de ninguna parte, con ser un chileno en Argentina y un argentino en Chile. Y, el otro, tiene que ver con una herencia más sutil que él descubre con su escritura: un desapego a la vida, el «percibir la existencia como una mera transitoriedad». Él siente que esta herencia procede claramente de todo lo que sus padres tuvieron que pasar. Es muy bonito leer el libro e intentar ver el momento en el que el autor empieza a descubrir de qué va esta novela y, por lo tanto, de qué ha ido su vida hasta este momento.



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