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  • Daniela Poch

NO, NO ESTÁS EQUIVOCADO. ESCRIBIR TU NARRATIVA DE MARCA ES MARAVILLOSAMENTE COMPLICADO



APRENDIZAJES DE LOS GRANDES MAESTROS

Don Delillo y David Foster Wallace

Dentro del sector en el que yo me muevo, la escritura y la conversión de un caos mental a un orden narrativo, quiero hablar sobre estos duros momentos en los que uno se enfrenta a redactarse a sí mismo para resultar atractivo al resto. Me refiero al momento en el que debes pasar por el proceso de escribir la narrativa de tu empresa o de tu marca personal.

Una creación narrativa (desde el about page de una empresa hasta una cuenta de Instagram con sentido, un tuit o una obra maestra del branded content) exige un proceso. Un proceso es un momento en el que se está trabajando en algo.

Es un espacio de transición. El tiempo intermedio entre la idea y el producto final es un espacio extraño, de reconocimiento con uno mismo y con el medio, en el que se dan grandes preguntas y respuestas no tan grandes; es un tiempo de ficción. Preferimos contar el gran momentazo en el que se tuvo la idea y el feliz momento en el que puedes mostrar al mundo tu resultado.

El otro día me topé con una metáfora grotesca pero eficiente para definir estos textos inacabados, en proceso de creación, que te persiguen, que son una traición a la perfección, que te son insatisfactorios, que todavía no logran representar aquello que deseas, que son inmaduros… esta metáfora viene del libro Mao II de Don Delillo pero me gusta la reflexión que hace de ella David Foster Wallace. Me ha parecido interesante trasladar esta comparación procedente del campo de la escritura de ficción a la escritura de narrativas para otros sectores. Ofrezco un texto resumido del artículo de Foster Wallace:

La mejor metáfora que conozco sobre lo que es ser un escritor de ficción aparece en la novela de Don DeLillo Mao II, donde el autor describe un libro a medio escribir como un niño horriblemente deforme que sigue al escritor allá adonde vaya, gateando tras él (arrastrándose por el suelo de restaurantes donde el escritor trata de comer, apareciendo al pie de su cama en cuanto abre los ojos por la mañana, etc.), horriblemente anormal, hidrocefálico y desnarigado y con unos brazos atrofiados que parecen aletas e incontinente y retrasado y babeando fluido cerebro-espinal mientras lloriquea y farfulla y grita reclamando amor […].

[…] Todo el asunto es desagradable y triste, pero al mismo tiempo también es tierno y conmovedor y noble y guay ―es una genuina relación, de algún tipo― e incluso en la cima de su monstruosidad el niño deforme, de algún modo, toca y despierta las que sospechas que son las mejores partes de ti: las partes maternales, las partes oscuras. Quieres mucho a tu niño. Y quieres que los demás también lo quieran cuando al niño deforme le llegue el momento de salir a la calle y enfrentarse al mundo.

La narración de tu empresa o de tu marca personal no se crea mágicamente y, por supuesto, nunca sale a la primera, por no decir que igual no sale hasta los mil y un intentos. Hay muchos elementos en juego a la hora de construir un texto fiel


  • a tu actividad

  • a tus valores

  • a tu forma de trabajar

  • a tu esencia

  • a tus defectos

  • a tus virtudes

  • a tus inquietudes

  • a tus denuncias

Sobre todo, el factor más determinante en la angustia del proceso de creación de tu narrativa o la de tu empresa es que se suele escribir desde la motivación de gustar. No es un acto onanista ni hecho para la diversión personal. Tienen esta particularidad. La necesidad es gustar, atraer, ser comprendido por el resto de humanos para, al final, vender.

Estas narrativas en proceso son para la empresa o particulares un niño monstruoso que no debe mostrarse. Tengo la sensación de que en un contexto empresarial y corporativo, los procesos de creación de sus narrativas son procesos secretos porque parece que si muestras la manera en la que te construyes, en realidad estás poniendo en evidencia que, efectivamente, toda narrativa es una construcción con un objetivo y eso desvirtúa la naturalidad pretendida de una empresa.

¿Nos hemos planteado que confesar la dificultad de explicarse a uno mismo puede hacernos más humanos?

A veces no sabemos explicar qué hacemos, por qué lo hacemos, cómo lo hacemos o qué beneficios logramos construir desde nuestra empresa. Si tienes necesidad de decirlo, que todavía no has encontrado las palabras, dilo. Dilo. Entiendo que te gustaría más «estar terriblemente equivocado», querrías «que la monstruosidad del niño deforme no resulte más que un engaño o una alucinación», pero no es así. El niño deforme existe durante un tiempo y te persigue, pero un día ese niño deforme será un modelo infantil que represente la belleza de tus intenciones. Por el momento, todo está en construcción, puedes admitirlo.


hablemos y escuchémonos